UNA BUENA HISTORIA… BIEN CONTADA…
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Tal es el lema del género narrativo, ya se trate de una breve fábula de apenas un par de párrafos, ya de obras míticas y ciclópeas como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. Si bien en la actualidad impera la novela en este reino, in illo tempore, el género que hoy conocemos como narrativo se denominaba épico, pues era aquél que refería las grandes epopeyas y las gestas memorables de los héroes. Su vínculo con la lírica era muy estrecho, pues se utilizaba el verso en su composición y, más que leerse, se recitaba a viva voz. Pero con el tiempo, y en especial con el surgimiento y auge de la novela, fue cobrando un nuevo protagonismo y una nueva forma (la prosa), acaparando toda historia bien contada donde lo que se dice está en estrecha comunión con cómo se dice. Actualmente, el género narrativo es el rey de las letras, la novela su reina consorte, y sus princesas (tratando de acaparar más protagonismo a medida que avanza el siglo) el relato corto y el cuento.
Llamamos novela a toda obra literaria que narra una acción fingida o real (o parte y parte), cuya finalidad es proporcionar un placer estético e intelectual. Sus ingredientes son el narrador (tan polifacético en sus posibilidades como el camaleón), los protagonistas y antagonistas, el argumento y su manifestación vital: la acción. La novela se puede clasificar casi en tantas posibilidades como obras se han escrito y, desde luego, hay para todos los gustos: las que se recrean en las descripciones dibujando un universo infinito de matices para la imaginación; las que arrastran a una acción trepidante sacrificando las pausas decorativas; las que se enzarzan en un sinfín de diálogos hasta bordear el recinto del género dramático… También se ordenan por sus ámbitos o espacios psicológicos, por temas, por corrientes y estilos, por... lo más inesperado. Así nos encontramos con calificativos como novela “costumbrista”, “realista”, “fantástica”, “histórica”, “policíaca”, “surrealista”, “rosa”, etc., y con “sub-subgéneros” como Realismo mágico, Novela vanguardista, Novela Gótica, Novela bizantina, hasta llegar al folletín (novela por entregas) que tanto éxito tuvo a partir del siglo XIX
En importancia y lectores le sigue el cuento –cada vez con más fuerza en España, muy exitoso ya en otros países-. Interesante detenernos sólo un momento en la famosa pregunta: ¿en qué se diferencia un cuento de un relato? Sin duda, muchos se lo han preguntado y trataremos de responderlo a través de esta sección. El cuento es, ante todo, una narración breve e intensa, que condensa el eje sustancial de la historia eliminando todo lo superfluo, para mantener al lector en constante tensión hasta el desenlace. “La brevedad le confiere al cuento una de sus características esenciales: produce un efecto único, directo, golpea al lector de una sola vez con una impresión determinada, una impresión que es menos racional que emotiva, menos analítica que empírica e intuitiva.”1 Por naturaleza, el cuento es ficticio y suele estar imbuido de un elemento “mágico”, “sobrenatural” o “fantástico” y concluye de manera impactante. Una última e importante anotación: como otras muchas palabras demasiado manidas de nuestro diccionario, hay quien todavía cree que el cuento es, per se, infantil, y nada más lejos de la realidad. De hecho, ésta no es más que una de sus categorías y ni siquiera la más importante.
La nouvelle (novela corta), tras largos debates aún inconclusos, va quedando básicamente definida como un relato sin la amplitud de la novela en lo que respecta al desarrollo de los personajes y al proceso de la acción, pero más extensa que el cuento. Todo está muy condensado y el ritmo es notablemente más rápido, lo que anula las descripciones extensas.
En el palacio de este soberano de la literatura que es el género narrativo hay espacio para muchas más estancias, donde el lector puede adentrarse en experiencias inusitadas. Veamos sucintamente las más representativas. Están, de un lado, las que se relacionan con lo histórico o lo heroico por su contenido –normalmente en verso, en especial los dos primeros casos-, como por ejemplo:
• La Epopeya: narración poética de un episodio memorable en la historia de un pueblo (La Ilíada, Homero, El Mahabharata, Vyasa)
• El Cantar de Gesta o Poema Épico: exaltación literaria de las hazañas de un personaje significativo concreto (El cantar de Mío Cid, Anónimo)
• El Romance: Los romances primitivos fueron fragmentos de cantares de gesta que eran cantados por juglares.
• La Leyenda: relato imaginario que recoge parte de una tradición oral, apoyada a menudo en hechos históricos ciertos (Leyendas, Bécquer)
Agreguemos también aquellas vinculadas al género didáctico, pero que bien pueden incluirse aquí por sus características narrativas:
• La Fábula: narración breve donde los protagonistas encarnan siempre en animales para representar condiciones humanas –vicios y virtudes-, tratando de ilustrar una enseñanza moral.
• La Parábola: su propósito es dar también una lección sobre conducta ética, pero su repertorio no se limita a animales, sino que dibuja otros personajes (personificación de virtudes, defectos, arquetipos…) y da cabida a la aparición de seres humanos.
En conclusión, la narrativa abarca todo lo escrito en prosa (y algo de verso), donde lo fundamental es contar algo interesante de modo genuino. Ha sido el género del siglo XX y su auge, a menudo, ha radicado en su sencillez y en su capacidad de entretenimiento (los géneros lírico y dramático parecen exigir más del autor y del lector), creando un falso mito que hay que considerar en su verdadera dimensión; su nombre anglosajón: best seller. Efectivamente, una mano nos es más que suficiente para contar los libros que han alcanzado este status fuera del ámbito narrativo y hay quien piensa que best seller es sinónimo de libro “de masas”, pobre en literatura, fácil de leer y una gran “herramienta de distracción” sin más valor. En nuestro momento histórico, es peligroso generalizar; mucho más prudente es afirmar que hay de todo, recordemos que nuestro Ingenioso Hidalgo está considerado el mayor best seller de la literatura, y que desde el año 1605 se ha venido editando (y leyendo) de forma incansable. ¿Por qué insisto en este punto y llego a la osadía de hacer esta comparación? Porque la crítica ha llegado a un extremo donde se tiene miedo de leer un best seller so pena de ser considerado una mente pobre incapaz de saborear la literatura… Desde luego, las hipérboles de Quevedo se quedan cortas. Lo importante de una novela no es cuánta gente la ha leído ni si su autor se ha hecho millonario, lo importante es lo que nos aporta a cada uno de nosotros su lectura (pocas artes existen más subjetivas que la literatura, pues la misma historia siempre es distinta para cada lector). Lo importante es leer. Y una vez hemos leído, tenemos el primer factor de peso para emitir un juicio sobre un libro. Y cuánto más leamos, más rigor tendrá esa opinión. Recordemos que nuestro tiempo ha visto la edición de obras memorables, impregnadas de aromas literarios, que han alcanzado un enorme éxito de ventas y nadie se atrevería a calificarlas de “literatura basura”, desde El Señor de los Anillos (J. R. R. Tolkien) hasta Los pilares de la tierra (Ken Follet) o El Ocho (Katherine Neville).
En fin, la Narrativa es un firmamento infinito, con grandes astros que mantienen inmutable su posición con el transcurso de los siglos, y estrellas jóvenes que aportan nuevos parpadeos a los ojos del buscador incansable de nuevos mundos, más allá de las fronteras espaciales y temporales. Desde aquí trataremos de bajarlos a la tierra y acercarlos al lector, a ti… ¿Quién ha dicho que no se pueden alcanzar las estrellas con un lazo? Pregúntale a Peter Pan.
Nati Sánchez, 2005
http://www.le-es.com/narrativa_narra.htm
lunes, 25 de agosto de 2008
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